CRÓNICA DESDE JABÓN : DESDE LA MORADA INTERIOR

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Descripción

La idea de escribir un diario del viaje surgió la primera noche al recogerme en la habitación. Me encontraba estupendo, no podía entenderlo pues aquella estancia era realmente la celda de un convento y podría decirse que no había la más mínima comodidad que lo justificara. La única luz que disponía era un alumbrado militar, una escueta bombilla de bajo voltaje colgada de lo alto por el propio cable que la alimentaba. En su entorno y contra el blanco hostil del techo terminaron convocándose una minúscula bandada de mosquitos que ni siquiera consiguió inquietarme. No obstante, un estado de sosiego y de paz que no dependía de lo que me rodeaba estaba conmigo. No quise dormirme por no perder esa sensación. Estaba sereno y conectado a esa otra vida tan fuertemente, que aún estando en ésta tomé conciencia de mi conexión con todo lo que me rodeaba volviéndome solidario y uno con ello. Todo era amable aquella noche. No era el cielo, pero desde ahí se siente a un paso. Escribir fue una excusa para no cambiar de sueño, para alargar éste, retenerlo mientras lo describía en el teclado de mi ordenador y poder volver a él a mí voluntad. No quise perder esa disposición, más lúcida y apetecible para mí que el sueño reparador del cuerpo, aquel estado alimentaba otra necesidad mía.
Realmente me encontraba feliz aunque separado de mi medio ambiente natural y en una habitación en absoluto confortable. Estaba tan preñado de emociones que quise prolongar aquella sensación. Doblé la almohada sobre mi espalda improvisando un respaldo contra el cabecero de aquella cama espartana, de forma que pudiera sostener una postura estable. Fuera hacía frío, algo insólito para mí después del calor sofocante de Carora. Coloqué el ordenador en mis rodillas y comencé a pasearme por las primeras impresiones que me comunicaban con aquel entorno amable recordando a la vez lo sucedido en el día, conectado con aquella noche propicia para mi inspiración.
No sabía ni si aquel impulso seguiría al día siguiente, si continuaría interesándome, pero lo hice, escribí cada día antes de dormir, a veces también lo hacía en los descansos después de la comida. Cuando no me daba tiempo, anotaba lo sucedido de una forma escueta para luego profundizar en ello. Los últimos momentos fueron tan ocupados que apenas tuve tiempo para extenderme y fijaba únicamente las líneas generales los sucesos principales, para que no se perdiesen de entre tantos detalles como acumulaba el día. Finalmente lo acabé concluyendo en el avión de vuelta y aquí en mi casa de Galapagar.
Visto ahora más alejado en el tiempo veo que es un cuento que me gustará recordar. No es la crónica del taller sino la visión desde mi morada interior.

Información adicional

Autor

José Luis Molina

Año

2014

Editorial

Editor

Encuadernación

Tapa blanda

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