Dios no necesita esperar, no está en el tiempo, cuando quiso recuperar a su Hijo otorgó los medios necesarios y en ese momento acabo la separación con la que soñó por un instante Su Hijo. Hoy puedes bajarte del tren de la locura, Él te abrió la puerta.
Tenemos la prerrogativa de obtener lo que deseamos. Recuerda las veces que tu pedido te hizo daño. Pregúntate ¿Qué podría pedir que al recibirlo aún lo siga deseando? Pide lo que Dios te ofrece y garantízate el acierto.
Es imposible tener enemigos, salimos solos del cielo y así permanecemos. Inventamos nuestros contrarios para disimular la soledad y aliviar el exilio. Preferimos el miedo al Amor y disimulamos nuestra preferencia con ilusiones.
Al sentirte culpable perdiste de vista tu santidad y tu hogar. Tu culpa te creó enemigos, lucha y sufrimiento. Pero aun en medio del caos sigues siendo el Hijo de Dios y tu impecabilidad te protege. Puedes recupera la cordura y tu paz.
Solo el perdón deshace las ilusiones de diferencias, lo irreal y deja paso a la Verdad; tu unión con todo lo que existe, tu Ser llenándolo todo, el Amor que eres y la Fuente misma del Amor a la que te une el Amor de dónde saliste.
Cuesta creer que el comportamiento de las personas que nos rodean dependa de nuestra elección. Pueden actuar de inocentes o culpables, y no olvides que, si no corriges tu mente, seguirás buscando lo mismo, lo conocido.