Nos revelamos por no ocupar el puesto de Dios en la Creación, por no permitirnos ser su padre. Con nuestra imaginaria separación renunciamos a nuestras creaciones que nos otorgaban la paternidad y el numero uno que Dios tenía preparado para nosotros.
Esta es una verdad que se puede experimentar. Dios no fue quien nos expulsó del paraíso, nosotros nos fuimos renunciando a la comunicación son Él, con su Amor, querer restablecerla, la restablece. Sostén tu deseo sobre todo lo demás.
Hay que llevar insistentemente nuestro pensamiento ahí, a la inevitabilidad de lo que se enuncia. Si existimos y de eso no podemos dudar, somos el Hijo de lo que venimos llamando Dios, portadores por tanto de su ADN, santos y libres como Él.
Si proyectamos lo que queremos ver, no nos debería extrañar escuchar que las formas que vemos son nuestros propios pensamientos materializados.
Forjamos una voluntad diferente de la nuestra para separarnos de Dios, este mundo de sufrimiento y muerte es su resultado. No eres bueno dirigiendo tu vida. En tu mente está la Voz que recuerda quién eres y tus necesidades, elige seguirla
Cuando seamos capaces de dejar a un lado toda preocupación, toda ansiedad, todo sufrimiento y toda duda, cuando seamos capaces de abandonar al miedo, de no responder a sus impulsos, el Amor regresará donde solía y acabará el tiempo.