La característica del perdón es ver santidad en todo y todos, pedirlo es renunciar a la culpa en el mundo, su único contenido, lo que vemos oculto en formas que nos gustan. Por el momento la culpa nos gusta más que el perdón, así estamos.
El perdón es el regalo que Dios hizo a Su Hijo cuando comprobó que se había dormido, porque supo que en sueños, desconectado de la Fuente, el miedo sería su única compañía. Su perdón, que no el tuyo, pone fin a todos tus conflictos.
El perdón de Dios es una asignatura que aún no has cursado, por eso vives en el dolor. No creas que lo conoces, eso impide que te acerques a él, el tuyo no te ayuda y lo sabes. El perdón de Tu Padre trae la verdad a tu mente y te libera del miedo.
Cuesta creer que nuestros conflictos son sueños por el dolor que nos causan, pero la razón sabe que son imposibles, pues no hay voluntades opuestas que puedan provocarlos, la Voluntad del Padre y la del Hijo es la misma. Soltemos el engaño.
Cuando juzgas a un hermano como inadecuado traes un enemigo a tu vida, cuando insistes en tu juico lo haces real para ti y colocas una amenaza en el lugar que le corresponde estar al Amor. El perdón es tu única función y no el juicio.
La condición para nuestra creación fue ser de la misma Voluntad que nuestro Padre y eso no puede cambiar, es genético. No podemos sufrir dolor, escasez o soledad, no podemos morir, lo nuestro es un intento loco de contradecirnos.