Juzgando fabricamos nuestros enemigos y el dolor que nos ocasionan. Los juicios son la base de la convivencia de este mundo, sin ellos nada sería igual. Los juicios niegan nuestra naturaleza; el Amor, el cual es la cuna de la Paz.
Nos parece increíble que podamos acabar con el sufrimiento con la simple elección mental de ver el Cristo en lugar del enemigo que lo oculta, la sencillez del método es lo que la hace increíble, pero es la única decisión efectiva que puedes tomar.
Ofrecer un milagro es un verdadero acto de empoderamiento, pues renuncias a la muerte con la que ocultaste tu verdadera naturaleza; el Amor, para recordarlo ¿Y sabes qué? Puedes ofrecerlos, Dios los pensó para ti y son todos tuyos.
La visión de Cristo nos muestra un mundo perdonado, liberado de nuestros juicios, donde los milagros ocupan el lugar de las locuras que habíamos elegido para ocultar la impecabilidad del Hijo de Dios y mantenerlo separado de Su Padre.
Es un hecho, si bien está perfectamente olvidado, que vives en la mente del Padre, el seno de tu nacimiento, jamás pudiste abandonarla y seguir existiendo. Tienes las necesidades cubiertas ¿en qué se basan entonces tus preocupaciones?
Tus juicios deforman la verdad y respondes con ira a lo que contemplas porque te sientes atacado. Tu plan no puede darte felicidad, no insistas. Déjate guiar por la Voz de Dios en ti y permite que los milagros restauren la verdad que negaste.