En el instante santo Dios puso su mundo real, el parque temático que te ofrece a cambio del tuyo de desencuentro y dolor. Allí lo que te lastimaba se convierte en el juego que realizas con tu hermano; el Cristo, que, a la vez, eres tú mismo.
El instante santo, como una forma de perdón, es el regalo que Dios te dio para sacarte de tu plan de vida pesado y doloroso hasta tu muerte, úsalo ofreciéndoselo, es el salvavidas que arrojó a tu turbulenta vida para rescatarte de vuelta a Él y a su Amor.
Los caminos del mundo no pueden sacarnos de él, para eso se hicieron, no intentes encontrar paz en ellos, solo ilusiones de paz que acaban en lágrimas, ya sabes de eso. Pide al Espíritu que te lo muestre y te conduzca por él, Él hace el trabajo.
Olvidar las palabras y lo que representan es el perdón último que nos presentará delante del Padre. Mira si estás dispuesto, y si aún conservas apegos y deseas soltarlos, dirígete igualmente a Él, en la oración los perderás y si no, ora también.
La Paz es un patrimonio de nuestra creación que no podemos perder, pero no somos conscientes de ella por no darla. Desea para los demás la Paz de Dios, aunque no sepas lo que haces, así reconocerás que es tuya y vivirás en ella.
Cuesta creer que el dolor no es un castigo de Dios por nuestros pecados, pero Él no puede hacer nada que lastime a Su Hijo, porque siempre lo ve como lo creo; inocente. Tu dolor solo puede emanar de tus ídolos, es hora ya de abandonarlos.