Tu creador te dio Su paz cuando creíste en el conflicto, ahora forma parte de ti, te acompaña en silencio, si no la ves es porque aún tienes elegida la culpa, aprende que puedes perdonarla, que puedes dejar de creer en ella y la paz será inevitable para ti.
Bendecir desde aquí es desear todo lo mejor posible a los demás, de ese modo tú eres el resultado de la bendición de Dios, pues contienes sus dones. Bendice para rodearte de ellos.
Lo que tienes que aprender es tan diferente de lo conocido que solo escucharlo despierta tu incredulidad, pero es lo fácil, lo coherente. Ya buscaste tu salvación en el mundo y la frustración agotó tus fuerzas, solo te queda un lugar; tu propia voluntad.
Con frecuencia se confunde la paz con el resultado de la victoria. No puede haber paz y muertos, si alguien tiene que claudicar, esas paces son treguas. La paz de Dios se caracteriza por el gozo pues alcanza a todos, nadie pierde. ¿Estás preparado para esa paz?...
Recuerda… un padre da a su hijo su propio nombre, así lo identifica y se vincula con él. Eso mismo hizo Dios contigo, te dio Su nombre, levanta la cabeza del barro, eres de estirpe real. ¿Qué haces sufriendo? Sal del sueño en el que te perdiste a ti...
Invocar el nombre de Dios y ningún otro es la elección que te queda por hacer, invocarlo es renunciar al resto de los nombres con los que trataste de sustituirlo. Invocar su nombre es tu petición de volver a casa, la llamada que te pone en ella.