“Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz”. De nuevo me recojo para empezar el día de la misma forma en que ayer lo cerré, con estas palabras repetidas. Como si las necesitara...
“Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz”. Ya sólo hay una lección por repasar, siempre la misma, no hay materia nueva. Sólo me provoca un movimiento; renovar mi voluntad...
“Te entrego este instante santo. Sé Tú Quien dirige, pues quiero únicamente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz”. Otro día sin tarea, otro día en reposo y crecimiento. Así será de ahora en adelante… Ya no tengo nada que decir, ya no...
“Te entrego este instante santo. Sé Tú quien dirige, pues quiero simplemente seguirte, seguro de que Tu dirección me brindará paz”. Se acaban las lecciones de estudio. Estos son días para aplicar lo aprendido. Son días para no hacer nada por mi cuenta, para no...
“Que la paz sea contigo, el santo Hijo de Dios. Que la paz sea con mi hermano, que es uno conmigo. Y que a través nuestro, el mundo sea bendecido con la paz”. Hoy es una salutación. Una salutación de reconocimiento y de paz. Y con esta fórmula recibo a los hermanos...
“La respuesta de Dios es alguna forma de paz. Todo dolor sana; toda aflicción es reemplazada por la dicha. Las puertas de la prisión se abren. Y se comprende que todo pecado no es más que un simple error”. Nada más leerlo me surge una pregunta: ¿A qué Dios estoy...